El dosier recoge la experiencia y las principales intuiciones del proceso sinodal europeo de Praga como un fuerte llamamiento a una Iglesia que camina junta, escucha, se convierte y se organiza de modo más corresponsable para la misión, algo muy aplicable a las comunidades rurales. El sínodo no se celebró en un único lugar. Sino en varias fases, con distintos lugares clave. Iglesias locales, en Europa y otros lugares, y finalmente en dos ocasiones en Roma.
¿Qué fue esta Asamblea en concreto en Europa?.
La Asamblea Continental Europea del Sínodo 2021‑2024 reunió en Praga a obispos, presbíteros, consagrados y laicos de toda Europa para orar, escucharse y dialogar sobre el documento de trabajo sinodal. Fue una experiencia nueva de Sinodalidad a nivel continental, vivida como un acontecimiento espiritual más que como un mero encuentro organizativo. Fue como una orquesta en la que hay variedad de instrumentos necesarios para dar vida a la belleza y a la armonía de la música. Donde cada uno mantiene sus propios rasgos distintivos al servicio de la casa común.
Claves espirituales: conversión y escucha.
El documento subraya que la Sinodalidad nace de seguir a Cristo camino y de dejarse guiar por el Espíritu Santo. Se insiste en la conversión personal y comunitaria, alimentada por la Palabra de Dios, la Eucaristía y el testimonio de los mártires, como base de cualquier cambio pastoral o estructural.
Contexto europeo y heridas que pesan también en lo rural (cambio de época).
Se reconocen grandes desafíos: secularización, guerras (especialmente Ucrania), crisis de abusos, migraciones, pobreza y soledad, que atraviesan tanto las ciudades como los pueblos. La Iglesia se sabe herida y llamada a acoger, escuchar y acompañar a víctimas, pobres, familias rotas, jóvenes desorientados y personas que se sienten excluidas, incluidos quienes viven lejos de los centros urbanos. Este es un problema especial porque la pastoral rural es muy diferente a la de la ciudad. Aunque hoy en día se imbriquen la realidad rural y la de la ciudad, me referiré siempre a la gente que vive y hace del medio rural su ámbito de vida en todos los sentidos. Esto es muy importante, el contexto. El medio en el que vivimos.
Siete ejes para una Iglesia sinodal
El texto articula siete intuiciones que orientan el camino:
1.- Profundizar la dimensión espiritual del sínodo; redescubrir la común dignidad bautismal;
2.- Unir Sinodalidad y misión;
3.- Hacer del diálogo un estilo de vida;
4.- Sanar heridas y reconciliar la memoria;
5.- Cuidar especialmente familias, mujeres y jóvenes;
6.- Convertir el método sinodal en algo ordinario en la vida de la Iglesia.
Todo ello se piensa para encarnarse en cada contexto, lo que abre un amplio campo para las parroquias rurales y pequeñas comunidades.
Tensiones que hay que saber “habitar”
La Asamblea identifica varias tensiones que no se quieren ocultar sino afrontar evangélicamente:
- verdad y misericordia,
- tradición y renovación,
- modos de celebrar la liturgia,
- comprensión de la misión,
- corresponsabilidad laical,
- ejercicio de la autoridad y
- relación entre Iglesias locales y la Iglesia universal.
Se propone vivir estas tensiones como oportunidad de discernimiento, evitando polarizaciones y buscando un equilibrio que permita cuidar la unidad sin uniformidad.
Corresponsabilidad, ministerios y papel de mujeres y jóvenes.
Se pide pasar de una Iglesia clerical a una Iglesia “plenamente ministerial” donde se reconozcan mejor los carismas de todos los bautizados. El dosier insiste mucho en la participación real de laicos, especialmente mujeres y jóvenes, tanto en la misión como en los procesos de decisión, así como en una formación adecuada para clero y laicado.
Hacer ordinario el método sinodal.
La “conversación espiritual” se presenta como un método que ayuda a escuchar al Espíritu y a los hermanos, y que tendría que impregnar consejos, asambleas, planificación pastoral y órganos de participación. El documento sugiere incluso revisar estructuras y normas (incluido el derecho canónico) para que la Sinodalidad sea estable y no un paréntesis, también en la vida parroquial y en las pequeñas comunidades.
Prioridades que se proponen a toda la Iglesia.
Entre las prioridades que se señalan para el camino sinodal destacan:
- Profundizar la teología y práctica de la Sinodalidad;
- Clarificar cómo se ejerce una autoridad verdaderamente sinodal;
- Afrontar las tensiones litúrgicas;
- Impulsar la implicación de las mujeres;
- Formar en Sinodalidad al pueblo de Dios;
- Renovar la misión en una cultura secularizada.
- Se sueña con espacios eclesiales donde todos se sientan acogidos y corresponsables, y se renueva la llamada a una Iglesia que, también en la Europa rural, viva de la comunión, participación y la misión.
Una pastoral rural “en clave de sínodo” en una zona de viñas y bodegas debería ser profundamente:
- Espiritual,
- corresponsable,
- misionera y muy encarnada en la cultura del vino y la tierra. Espiritualidad encarnada en la tierra
La pastoral ha de partir de la conversión a Cristo y del cuidado de la vida espiritual, ayudando a leer la propia realidad agrícola como lugar de encuentro con Dios. Los trabajos que se realizan en el medio rural, pueden integrarse en la pastoral de la iglesia siendo el marco ideal el lenguaje simbólico privilegiado del Evangelio, que da muchas referencias a esta realidad rural.
Comunión y corresponsabilidad bautismal.
Se pide una Iglesia que reconozca la dignidad bautismal y la responsabilidad de todos, superando el clericalismo y valorando los carismas de laicos, agricultores, temporeros, trabajadores de bodegas y cooperativas.
En un territorio con una escasez alarmante de presbíteros, la pastoral rural ha de potenciar ministerios laicales estables, consejos vivos y pequeños equipos de misión que sostengan la vida de las comunidades dispersas.
Misión en una cultura del vino como la nuestra
La sinodalidad se entiende siempre unida a la misión: en contextos secularizados, también rurales, la comunidad está llamada a ser “hospital de campaña” que cura heridas de soledad, precariedad laboral, alcoholismo o despoblación. Las viñas y bodegas pueden convertirse en lugares de presencia y diálogo misionero: bendiciones, encuentros formativos en cooperativas, jornadas de reflexión con viticultores sobre justicia social, ecología y cuidado de la casa común, promoviendo una pastoral social que llegue “al destinatario”.
Diálogo y reconciliación en el mundo rural
El documento propone una “Iglesia del diálogo”, capaz de escuchar también a quienes se han alejado, a temporeros migrantes, a jóvenes que se marchan o vuelven solo en vendimia. En pueblos en nuestro medio pequeños, donde las relaciones son muy cercanas y a veces tensas, la pastoral debe cuidar procesos de reconciliación, sanación de memorias y acogida de las personas heridas por la Iglesia o por la vida.
Atención a las familias, mujeres y jóvenes del campo
Se subraya una atención preferente a familias, mujeres y jóvenes, dándoles un papel real en la reflexión y en las decisiones, no solo tareas de apoyo. En un entorno vitivinícola esto implica acompañar la vida familiar ligada a la explotación agrícola, escuchar a las mujeres que sostienen tanto la casa como la viña, y ofrecer a los jóvenes espacios de discernimiento vocacional donde puedan integrar fe, trabajo en el campo y proyecto de vida. Todo esto en continuo cambio, con la cercanía a las ciudades y su entorno.
Método sinodal aplicado a parroquias rurales
El documento anima a hacer ordinario el método de conversación espiritual y discernimiento comunitario en consejos, asambleas parroquiales y decisiones pastorales. Para el medio rural, esto supone programar juntos (sacerdote, trabajadores del vino en sus variantes, cofradías, asociaciones) la pastoral del año, leyendo los “signos de los tiempos” que pasan por el clima, los precios de la uva, la llegada de temporeros y/o las fiestas después de la cosecha. Manteniendo el culto normal de todas las parroquias.