Horario de Misas
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Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Las obras de edificación del templo comienzan a mediados del siglo XVI. Al ser tiempos de prosperidad, las pujantes familias de la villa impulsan su construcción. En abril de 1602 terminada la cabecera y puesta bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción, el nuevo templo es consagrado con el traslado del Santísimo Sacramento, desde la hasta entonces parroquia del Santo Cristo situada en la parte más alta de la villa. El culto comenzó, aunque el templo distaba mucho de estar terminado. Las obras se prolongaron a lo largo del siglo XVII con el cierre de las cubiertas y la construcción del retablo mayor, el coro, las capillas laterales y la torre-campanario, finalizando todo el conjunto en 1671. A comienzos del siglo XVIII -1711-, la prosperidad de la villa permite anexar una majestuosa sacristía de planta octogonal.
Al acceder al templo nos topamos con el imponente órgano barroco realizado por el navarro Juan de Tovar en 1670. Se trata de un órgano elogiado por multitud de organistas dada su excelsa calidad musical. Bajo el órgano, podemos ver el sencillo retablo renacentista tardío de San José o de las Ánimas. En él, San José sostiene al Niño Jesús en sus brazos, siendo escoltado por las tallas de San Esteban Abad y San Pedro, ambos con relicario en el pecho y copatronos de Labastida. Estos dos monjes benedictinos pertenecientes a los Mártires de Cardeña fueron degollados por las huestes musulmanas, por lo que fueron llevados a los altares al ser canonizados en 1603. Corona el conjunto el relieve de las Benditas Ánimas del Purgatorio.
Como puedes advertir, a ambos lados del retablo se encuentran las tallas procesionales de “La Flagelación” y “Ecce Homo”. Junto a los pasos de “La última Cena”, “Jesús con la Cruz a cuestas”, “La Oración del Huerto” y “Cristo Yacente” pertenecen a la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Hermanos Penitentes de la Villa. Durante la Semana Santa procesionan por las calles de Labastida, siendo una perfecta catequesis que nos acerca a la Pasión y muerte de Nuestro Señor.
Ahora nos dirigiremos hacia el sotocoro, en la parte trasera del templo. Aquí se encuentra la Capilla de la Soledad con bóveda de crucería policromada que tiene escenas de querubines. Este programa iconográfico se extiende a los muros con las escenas de la Coronación y el Descendimiento. Preside la estancia la Santísima Virgen de los Dolores, procedente del desaparecido Convento franciscano de San Andrés de la Muga. Antes de comenzar nuestro recorrido hacia la cabecera del templo, a tu derecha puedes advertir, separado del resto del templo por una sencilla reja, el baptisterio en el que se encuentra la pila bautismal. El Bautismo es el fundamento de la vida cristiana, pórtico de la vida en el Espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como Hijos de Dios, incorporados a su Iglesia, llegando a ser miembros de Cristo.
Comencemos por los retablos ubicados en los muros del lado derecho. Puedes acercarte a ellos para observarlos con detalle. El primero, situado en el contrafuerte, corresponde al Retablo del Santo Cristo de los Remedios cuya magnífica talla preside el conjunto. Goza de una gran devoción, ya que el pueblo siempre ha entendido que la Cruz no es una derrota, sino la antesala del triunfo definitivo sobre la muerte que llegará con la Resurrección. El cuerpo superior lo ocupa la imagen de Santa Bárbara junto a la torre que siempre le acompaña. Santa Bárbara se distingue de otros mártires cristianos, porque fue encerrada en una alejada torre y ejecutada por su propio padre.
En este mismo lado de la Epístola, un púlpito dorado y rematado por una efigie del arcángel San Miguel nos separa del tramo contiguo, donde podemos advertir a la Virgen María con el Niño en sus brazos presidiendo el retablo. Esta talla es acompañada por las imágenes de San Joaquín y Santa Ana, padres de María y por tanto, abuelos de Jesús. Coronando el retablo se encuentra la talla de San Juan Nepomuceno, mientras que en la parte inferior o predela podemos distinguir la imagen del gran predicador dominico San Vicente Ferrer. A su izquierda, se halla el retablo de Nuestra Señora del Rosario, cuya efigie de finos rasgos y gran serenidad ocupa la hornacina central. María aparece como una joven madre que presenta a su hijo y adelanta su brazo derecho como ofreciéndonos su rosario. En el cuerpo superior aparece Santo Domingo de Guzmán, fundador de los Dominicos.
Ahora es momento de descubrir el conjunto de tres retablos ubicados a la izquierda, en el lado del Evangelio. El primero de ellos es el dedicado a San Sebastián, cuya efigie saeteada lo preside. San Sebastián fue un mártir romano con gran devoción en épocas pasadas por ser el patrono de los moribundos y protector contra la peste. En el ático, coronando el conjunto, se encuentra la talla de Nuestra Señora de las Nieves. Antes de llegar al tramo siguiente, podemos advertir la talla de San Isidro Labrador, patrono de los agricultores. Cuenta la leyenda que dos ángeles labraban con sus bueyes, mientras que nuestro santo oraba. En este tramo contiguo, se halla el retablo consagrado a la Inmaculada Concepción, a cuya delicada figura escoltan las imágenes de la reina Santa Isabel de Hungría y San Luis, rey de Francia. A los pies de la Virgen, distinguimos la talla de San Antonio de Padua, uno de los pocos santos al que se le representa con el Niño Jesús en brazos. Rematando este conjunto, puedes observar la talla de San Francisco Javier, patrono de las Misiones. A su derecha se encuentra el Retablo de San Pedro, cuya talla pontificia coronada con la tiara papal lo preside. Mientras, en el cuerpo superior descubrimos a San Prudencio, patrono de Álava.
Retablo Mayor
Este majestuoso retablo de estilo barroco churrigueresco fue erigido a finales del siglo XVII, entre los años 1672 y 1691.Consta de banco, dos cuerpos y ático-cascarón, segmentados en tres calles, separadas por dos pares de columnas salomónicas.
Comencemos por la parte inferior denominada banco, cuya parte central la ocupa el Sagrario. Mientras, a su lado, los relieves sin policromar correspondientes a “La Adoración de los pastores al Niño Jesús” y “La Epifanía” o manifestación de Señor a los magos.
En el primer cuerpo, flanqueada por las esculturas de San Pedro y San Pablo, se encuentra la hermosa talla de la Virgen de Toloño, también conocida como Nuestra Señora de los Ángeles. Se trata de una Virgen sedente con el Niño en su regazo y venerada comopatrona de la villa.
En los frisos-cornisas de la parte central que separan este primer cuerpo del contiguo, se sitúan las tallas de menor tamaño de los Cuatro Evangelistas; San Juan, llamado el águila de Patmos; San Mateo acompañado de un Ángel; San Marcos con un león y San Lucas y el toro. Mientras las correspondientes a los apóstoles Santo Tomás y San Bartolomé están situadas en la parte exterior.
Continuamos con el segundo cuerpo. Entre las tallas de San Juan y Santiago Apóstol y presidiendo el conjunto, puedes admirar la bella y delicada imagen de la Asunción de María, advocación a la que está consagrado este templo. Representa el momento en el que la Virgen María, en el final de su vida terrena, es llevada al Cielo en cuerpo y alma. Seis ángeles la elevan a la Gloria celestial.
Rematando este extraordinario conjunto, sobresale en el centro del ático-cascarón, el grupo escultórico dedicado a “La Santísima Trinidad”, cuyas 3 personas coronan a María como Reina de los Cielos. El Padre, representado como un anciano coronado; el Hijo, Jesucristo, el Verbo encarnado y; entre ellos, la paloma que representa al Espíritu Santo. Ángeles músicos y querubines rodean la escena, mientras que las tallas de los Arcángeles San Miguel y San Gabriel ocupan los laterales.
El friso inferior lo ocupan las tallas de los doctores de la Iglesia que representan el magisterio de la Iglesia; San Agustín, San Gregorio Magno, San Jerónimo y San Ambrosio, junto a los dos apóstoles anónimos.
Por último, en la parte inferior de este extraordinario retablo, parece pasar desapercibido el mayor tesoro que podemos encontrar en este templo, la Presencia Eucarística del Señor en el Sagrario. Cristo vivo que nos ha salvado y redimido, nos ha regalado gratuitamente la vida eterna y está siempre a nuestro lado, esperándote.