HOMILÍA DE LA SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA FIESTA PATRONAL DE LAGUARDIA 24/06/2026

Homilía de la Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista
Fiesta Patronal de Laguardia por Padre Cyprien Melibi Melibi (párroco).

Queridas autoridades
Queridos miembros de nuestro nuevo coro Voces Vecinas que, por primera vez, participáis con gran maestría en esta fiesta solemne,
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy Laguardia se viste de fiesta para celebrar a su patrono, San Juan Bautista. En su tradición litúrgica, la Iglesia celebra el nacimiento de muy pocos santos: el de Jesús, el de la Virgen María y el de Juan Bautista. Esto nos muestra la grandeza de su misión en la historia de la salvación.
Juan es el profeta que prepara los caminos del Señor. Su vida entera apunta hacia Cristo. Pero Juan no fue solamente el precursor humilde. Fue también un profeta valiente. No se calló ante la injusticia, ni adaptó su mensaje a lo que resultaba cómodo o popular. Dijo la verdad incluso cuando esa verdad molestaba a los poderosos. Y todos sabemos cómo terminó su vida: encarcelado y decapitado. Su cabeza fue entregada en una bandeja porque había tenido el coraje profético de hablar en nombre de Dios.
La historia de Juan Bautista nos recuerda una tentación permanente de la humanidad: cuando no podemos soportar una voz que nos interpela, intentamos silenciarla. Cuando no nos gusta un mensajero, en lugar de escuchar el mensaje, buscamos desacreditarlo. Es la vieja tentación de pedir la cabeza del profeta.
También, hoy en día, contemplamos con preocupación cómo en nuestra sociedad, incluso últimamente dentro de nuestra Iglesia diocesana de Vitoria, surgen campañas de presión contra personas concretas. Cuando se pretende forzar dimisiones mediante cartas abiertas, campañas en redes sociales o presiones organizadas, corremos el riesgo de adoptar métodos más propios de la lucha mundana por el poder que del discernimiento evangélico y espiritual que es el método habitual de la Iglesia.
La Iglesia tiene estructuras y mecanismos propios para la escucha, para el diálogo, para la corrección fraterna y para expresar legítimas discrepancias. No podemos aceptar que la presión pública, la descalificación o el linchamiento mediático se conviertan en formas habituales de relación entre los ministros y, mucho menos con el pastor propio de la iglesia diocesana y nuestro superior jerárquico que es el obispo.
Hay además un segundo peligro que debemos denunciar: la manipulación de la verdad. Cuando se difunden: falsedades, argumentos incorrectos, interpretaciones interesadas o acusaciones que confunden a los fieles, se daña gravemente la comunión de la Iglesia. La verdad del Evangelio no puede ser sacrificada en nombre de ninguna causa, por muy noble que parezca.
Por eso debemos agradecer a quienes dan la cara, como lo hizo nuestro obispo, para explicar los hechos, responder a las acusaciones y ofrecer claridad. La luz no teme a la verdad, lo demostró san Juan Bautista. El diálogo sincero y transparente siempre es preferible al rumor, a la sospecha o a la descalificación anónima.
San Juan Bautista nos enseña hoy una lección fundamental: el discípulo de Cristo no busca vencer a los demás, sino servir a la verdad. No busca destruir personas, sino convertir corazones. No busca imponer su voluntad, sino cumplir la voluntad de Dios a través de los ministerios de la Iglesia.
Queridos hermanos, en esta fiesta patronal, pidamos a San Juan Bautista que nos conceda su valentía para anunciar la verdad, pero también su humildad para hacerlo con caridad. Que nos libre de la división, de la agresividad y de la tentación de juzgar las intenciones de los demás. Que nos ayude a construir una Iglesia unida, donde las diferencias puedan expresarse con respeto y donde todos busquemos sinceramente el bien común.
Y, una invitación para todos los fieles de Laguardia: seamos modelos para nuestra sociedad de hoy. Modelos de verdad frente a la mentira, de respeto frente a la descalificación, de diálogo frente al enfrentamiento, de comunión frente a la división. Que quienes nos vean puedan reconocer en nosotros el espíritu de San Juan Bautista: hombres y mujeres que preparan los caminos del Señor y que dan testimonio de Cristo con valentía, humildad y esperanza.
Asi sea.