Homilía del domingo 11 de enero de 2026: Fiesta del Bautismo del Señor.
Por P. Cyprien Melibi Melibi
«APENAS SE BAUTIZÓ JESÚS, SE ABRIERON LOS CIELOS Y VINO UNA VOZ QUE DIJO: ÉSTE ES MI HIJO AMADO, EN QUIEN ME COMPLAZCO»
Queridos hermanos, hermanas, amigos de Dios,
Todos Ustedes que nos siguen a través de las redes sociales,
El Evangelio de este domingo nos presenta como una tercera epifanía. Tras la natividad de Jesús y su revelación a los Reyes Magos, aquí lo vemos, ya adulto que, «aparece» en público tras un largo periodo de anonimato en un pueblo del que, según se decía, «nada bueno podía salir».
Jesús había venido de Galilea al Jordán para ser bautizado por Juan. Juan se sorprende y, fiel a su misión como humilde precursor del Mesías, reconociendo íntimamente quién era Jesús, Juan quiere disuadirlo: «Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?» Pero Jesús persuade a Juan: «Déjalo ahora, porque así es como cumplimos toda justicia».
Entonces, todo se desarrolla como en un momento en que las cosas escapan al control humano. Juan quien era el protagonista principal, el “maestro de ceremonia”, ya no controla nada; se deja llevar. Y, a penas Jesús fue bautizado y salió del agua, los cielos se abrieron, el Espíritu de Dios descendió en forma de una paloma, y una voz, la voz de Dios Padre, confirmando la unción espiritual de Jesús: «éste es mi hijo amado, en quien me complazco».
Se proclama así la Santísima Trinidad, uno de los pilares del misterio de la fe revelada confesada por la Iglesia. También se establecen las primicias del bautismo cristiano. Recordamos que Jesús, antes de ascender al cielo, encomendará a sus discípulos una misión: «Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».
¿Qué debemos entender hoy, habitantes o visitantes de Laguardia? Alguien dijo: ¿Y nosotros qué? ¿Qué mejor manera de acoger esta triple epifanía que acabamos de vivir con el tiempo de la Navidad y que hoy concluimos litúrgicamente?
El bautismo de Jesús nos revela una vez más la cercanía de Dios; mediante la Encarnación, une su naturaleza divina con nuestra naturaleza humana, y nos convertimos en hermanos y hermanas de Jesús, hermanos y hermanas de Dios. Hoy, Jesús, nuestro hermano en humanidad, llega incluso a aceptar un bautismo de conversión y penitencia, un bautismo por nosotros, pecadores. De esta manera, Jesús manifiesta su completa hermandad con nosotros.
A través de este otro aspecto de la revelación de Dios en su Hijo ungido por el Espíritu, estamos llamados a identificarnos con él mediante su vocación principal desvelada como testimonio por aquellos a quienes Jesús encomendó la misión de fundar la Iglesia, los apóstoles. Esta vocación fundamental de Jesús, nos la indica el primero de los apóstoles, san Pedro, en la segunda lectura del libro de los Hechos: «Jesús pasó haciendo el bien». Detengámonos aquí un momento.
El contexto de esta afirmación de san Pedro, estamos en el capítulo 10 del libro de los Hechos. Dios por medio de visiones interpuestas ha preparado un encuentro culturalmente prohibido entre dos personas. Por un lado, a un centurión llamado Cornelio, pagano pero piadoso y, por otro lado, a Pedro que estaba de paso en aquella ciudad. Cuando Pedro, por mandato del Señor, llega a casa de Cornelio y constata todo el dispositivo de “preparación espiritual” de Cornelio y su gente, les va a confirmar sobre lo que ya creían. Dice Pedro: “Me refiero a Jesús de Nazaret, después del bautismo que predicó Juan, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien”
Para comprender mejor, he consultado traducciones en unos idiomas. La versión francesa dice:
« Jésus, là où il passait, il faisait le bien » ; « Jesús, por donde andaba, hacia el bien »
La versión inglesa es llamativa y completa:
« Jesus went from place to place doing good » ; « Jesús pasaba de sitio en sitio haciendo el bien ». Alucinante, ¿verdad?
La fiesta del Bautismo del Señor nos recuerda nuestro propio bautismo, el día en que entramos a formar parte de la comunidad cristiana. Estamos llamados a continuar la misión que nuestro hermano, nuestro maestro, nuestro Señor y nuestro Dios, Jesús nos indicó practicar como testimonio de la vida de fe que profesamos. A todos, el bautismo nos hace protagonistas dentro de la Iglesia y en el mundo de nuestro tiempo.
Somos enviados a evangelizar, y ¿que representa esta tarea hoy para nosotros habitantes y visitantes de Laguardia?
Como Jesús, pasar de sitio en sitio haciendo el bien
Hacer el bien con nuestros gestos de generosidad,
Hacer el bien con nuestras palabras constructivas y no destructivas,
Hacer el bien con nuestras actitudes de bondad
Hacer el bien, a veces, con nuestros silencios:
– silencio para manifestar compresión hacia la otra persona,
– silencio para perdonar o aceptar el perdón del otro;
– silencio para crear en nosotros un espacio interior en donde brotan buenas intenciones, buenas ideas y buena voluntad; un espacio interior en donde brota, crece y se multiplica el bien.
Bautizados, como Jesús, debemos pasar de sitio en sitio haciendo el bien, de vida en vida haciendo el bien.
¡Así sea!